Despertares

Ph: Mery Kriger
   I - Mejor no despertar
Un mal sueño me despierta. La cama se vuelve más grande, un desierto. Despierto y estoy en medio de un desierto.
Mientras intento calmar la respiración, acomodo las almohadas que sobran
a los lados de mi cuerpo, como para ponerle límite a esa sensación que se expande. Y las abrazo, me abrazo hasta que todo vuelve a tener dimensiones reales.
Las ganas de llorar, si algo tienen es, que son de una realidad inminente, casi palpables, como esas almohadas arropando mi despertar. Las empapo de llanto, de mocos, de todo eso que se me sale, hasta que pienso: Qué buen invento, hacerle brazos que se enreden en nuestro cuerpo. Almohadas que abracen al durmiente.
Y despacito me voy durmiendo otra vez, ya tranquila, casi con una sonrisa (que trajo la ocurrencia) pero también con un poco de miedo, deseando que Morfeo le regale un poco de paz a mi alma.
 
Chana. Enero, 2019




Ph: Mery Kriger
  II – No despertar
Desperterme en seco
y tener que gritar
“¿¡Otra vez el mismo sueño!?
 
Chana. Enero, 2019
Ph: Mery Kriger
  III - Despertar
Respiré e intenté sentir todo mi cuerpo. Era la cuarta vez en la semana que me despertaba a las cinco de la madrugada. Me sentía rara, extrañamente vital. Decidí que ésta consecución de madrugadas atestiguadas serían la nítida señal.
Abrí los ojos, ya no me podría dormir, me levanté al baño. Mientras lavaba mi cara la revisaba con el tacto de mis dedos, me enjuagué y mientras me miraba en el espejo, volví a respirar. ¿Por qué contengo el aliento cuando me lavo la cara? ¿Será un intento de suicidio con poco esmero?
Volví a observar mi rostro, mis cejas  arqueadas, mis ojos que guardan rayos amarillos en el iris, la naríz con barritos que aun no se ha decidido a parecerse a la de mi padre o a la de mi madre, los pómulos rojos de reciente rosácea, mis orejas, mis lunares, mi pera y la papada. Parecía ser yo y sin embargo me sentía extraña.
El invierno había sido muy duro y había dejado marcas para que lo recuerde todas cada mañana. La rosácea se quedaría allí hasta que aprenda a usar el fuego.
Volví a la pieza, me vestí y salí a desperezarme al patio. Había más luz y pude ver las flores del mburucuyá enredadas con las rosas, como dándose el ultimo abrazo antes de despertar. Con el aire fresco y lleno de perfume de la madrugada recordé cuando mi padre me llevaba a su trabajo en el campo. Estaba oscuro, hacía frío, se respiraba el mismo aroma y yo pequeña, aunque un poco dormida, era feliz.
Subí con el mate al techo a esperar el primer amanecer de primavera.
 
Chana. Enero, 2019
Fotografías de Mery Kriger
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Publicado por AROMITO

Escritos literarios propios y obras de creación colectiva Paraná, Entre Ríos, Argentina https://www.facebook.com/maria.rosa.5855 https://www.instagram.com/chana_mr/

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